Censura

Existen dos tipos de bibliocensura. Una consiste en que el bibliotecario ponga veneno (o dosis extra de laxante) en el margen superior derecho de los libros. Es eficaz, aséptico e indoloro, y reduce drásticamente el número de lectores, y con ello, nuestro trabajo. La segunda censura es externa a la biblioteca, y la impone quien gobierne en ese momento. Una tocada de narices para nuestra profesión, vamos, así que mostramos nuestra serena indignación a nuestra manera: pulseras con los libros censurados. ¿Que no? Hombres de poca fe...





5 comentarios:

  1. Jo, yo quiero unoooooo. :-))))

    :-******

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  2. Por otro lado, no deja de ser significativo que dos de los libros prohibidos / censurados que figuran en las pulseras sean sendas denuncias del racismo del Sur Profundo: El color púrpura, de Alice Walker, y Matar un ruiseñor, de Harper Lee... Lo de censurar un poemario bastante inocente a los ojos de un lector actual (Aullido, de Allen Ginsberg), pues sin comentarios...

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  3. Es censura, un sinsentido. No me voy a poner a pensar por qué censuraron según qué libros porque hay hasta para reírse de la imaginación calenturienta de los censores.

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  4. Esta ya te la he contado en persona, pero refleja muy bien lo que era la censura franquista. Cómo no, le ocurrió al mejor especialista que hemos tenido en torear la censura franquista: Luis García Berlanga:

    En la Gran Vía de Madrid había una sala de fiestas, Pasapoga se llamaba, que tenía fama de ser antro de perdición (al estilo de la época, no os vayáis a creer). Pues bien: al someter Berlanga, el guión de una de sus películas a la censura, un censor leyó: «Toma aérea de la Gran Vía». Tomó el lápiz rojo, y tachó la escena. Otro compañero le dijo: «Pero, macho, ¿qué tiene de malo esa escena?» «Quita, quita», le contestó el otro; «tratándose de Berlanga, es capaz de meter en el plano general a un obispo saliendo de Pasapoga».

    La anécdota no fue exactamente así, pero se le parece bastante, y por eso copio y pego. La fuente es la siguiente:

    http://historiasdehispania.blogspot.com/2006/10/las-increbles-historias-de-la-censura.html

    Para completarla, un apunte: Berlanga y su censor terminaron siendo muy amigos. Es lo que tiene el trabajar juntos, codo con codo, durante casi cuarenta años.

    :-)

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