Camuflajes y apariencias

Es innato en el ser humano el querer aparentar o, como se llama ahora, ser un wannabe. Un gran clásico en los hombres es hacerlo mediante el coche; ya saben, cuanto más deportivo, largo, grande y fashion es, más pequeña la tiene el conductor. O eso dicen, que yo no lo he comprobado nunca personalmente: como comprenderán, una bibliotecaria de pro no se mezcla con la chusma de a pie corriente, moliente y maloliente. En las mujeres, puedes apostar a que si ves a una que calza unos Louboutin y va en autobús, cosa que ha veces he presenciado, lo juro, es que algo falla. Como mínimo, algo falla en su cerebro: con lo "cómodos" que son, ir en transporte público, tener que caminar más de cincuenta metros e intentar mantener el equilibrio con los vaivenes del autobús o metro es lo más parecido que conozco a ponerse uno mismo palillos debajo de las uñas. Dolor por un placer vacío. Muy lógico, oigan. Sin embargo, hay otras apariencias que no son dolorosas ni implican que el sujeto la tenga pequeña o en desuso. Aquí entraría otro clásico de muchos hogares: forrar con libros (da igual cuáles, solo importa que sean de la misma colección y a ser posible con mucho pan de oro en las cubiertas) el comedor, tan solo para aparentar una cierta patina de cultura. Que luego rasques un poco y veas lo que hay debajo no importa, la cuestión es aparentar ser unos culturetas. "Ah, sí, El señor de las moscas, gran obra, aunque con poco diálogo y menos acción, demasiada genealogía élfica". Claro, y William Golding es el hermano pequeño de Cuba Gooding Jr. Por supuesto.

A todas estas personas, a Frikitecaris les place presentarles un instrumento que los hará maravillosamente felices. Con él, su estupendo iPhone de última tecnología, tan cool, tan todo lo que ustedes quieran, tendrá una apariencia clásica, conservadora y ultracultureta. Incluso un poco vintage, que es lo que se lleva ahora.




No me pregunten por qué narices alguien que se gasta un pastón en un iPhone luego va a querer ponerle una funda para que parezca un libro viejuno y maloliente, pero si lo han inventado, supongo que es porque tendrá su público. Mi humilde opinión es que o bien es para que no se lo roben (¿quién querría tocar siquiera algo así? ¡Eks!) o para, al sacarlo, dejar pasmados y patidifusos a los que le rodean. Porque es lo que se lleva: molar más que tu prójimo. Aunque luego en casa tengas que comer patatas todos los días.


2 comentarios:

  1. A saber lo que dirían las señoras de la peluquería de Ciudad K de tan sorprendente hallazgo... A mí me sigue pareciendo una cutrez, sinceramente, igual que el que deja caer descuidadamente el billete del metro de París así como por descuido, o el que te deja ver la etiqueta de la chaqueta de marca cuando se la está quitando. Lo dicho, habría que escuchar a doña Pepa y doña María Jesús, a ver qué opinan ellas.

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  2. ¿Nadie piensa en el pobre diseñador que se se ha estado partiendo los cuernos para hacer un aparato molón?
    Tengamos un poquito de respeto al trabajo ajeno.

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