Frikitecaris

o_Ô Alzando la ceja, conquistando el mundo.

31 de gener 2012 a les 9:00 a.m. Perpretat per Frikitecaris 46 Comments



Hay cosas que no deberían pasar. Cosas que hacen que ese ser aparentemente inofensivo que deja correr las horas admirando sus nuevas uñas de gel despierte, cancele su cita en el spa y anule su asistencia al curso de cata de vinos. Y no veáis lo que cabrea saber que has perdido una sesión de chocoterapia y unos copazos de buen Rioja.

Y es que despertar a un bibliotecario y hacerle salir a la calle no es fácil (con lo bien que estamos recogiditos en nuestro cubículo silencioso y calentito), pero una vez que se ha hecho hacerle dormir otra vez es más difícil que conseguir que nadie tenga que ir al baño durante la hora del cuentacuentos en la sala infantil. Una marea amarilla va a arrasar las calles el 4 de febrero y Frikitecaris quiere aportar su granito de arena a la lucha.

¿Creéis que nuestros cenus saben lo que les viene encima? ¿Que sospechan que un día llegarán a la biblioteca después de un clásico para ver la foto del torso musculado de los mozuelos esos que corren en calzonzillos por un prao, y no habrá periódicos? ¿Que cuando lleguen in extremis a hacer un corta-pega de la wikipedia para su trabajo sobre la reproducción de la abeja saltarina de Madagascar, se van a encontrar sin conexión a internet? ¿Que en vez de la perfección hecha mujer, tras el mostrador se van a encontrar a Paqui, la señora del cuarto, que en vez de estar disfrutando del retiro la han liado, no sabe cómo, y ahora es ella la que trabaja en la biblioteca?

Algunos más despiertos ya se habrán dado cuenta de que cada vez les rechazan más desideratas, que cada vez hay menos revistas, que los bibliotecarios cada vez tienen más ojeras... Pero otros llegan y se van sin levantar la vista del smartphone y aún no se han enterado de lo que está pasando. Alguien tiene que avisarles, dejarles avisos sutiles, notas de alarma escondidas para que no se enteren “los malos”.

El 4 de febrero la Marea Amarilla saldrá a la calle, pero puede llegar más allá: a nuestros queridos y fieles libros. Llenemos las bibliotecas de marcapáginas amarillos que expliquen lo que está pasando. Orgullosos encima del mostrador o camuflados entre las páginas de la sección de novedades, cada uno que haga la guerra como mejor considere, pero que se nos vea.

Para esto Frikitecaris convoca el I Concurso de Eslóganes o Ilustraciones para Marcapáginas a favor de las Bibliotecas Públicas, de entre los que se elegirá a los encargados de hacernos oír. El resto del trabajo corre a cargo nuestro, de los bibliotecarios. Y por supuesto de los usuarios que quieran devolvernos un poco de ese cariño que les hemos dado desinteresadamente, de esas horas de desvelos buscándoles el libro que necesitan, de los madrugones para llegar hechos un pincel al trabajo y que vean algo agradable cuando vienen a visitarnos (ya, me estoy poniendo cursi, pero el chantaje emocional es totalmente legítimo dadas las circunstancias).

Esperamos vuestros eslóganes, pero sobre todo, vuestras ganas de no dejar que acaben con uno de los mejores inventos de la humanidad.

Bases del concurso


- Se puede optar por enviar un eslogan (pensado para un marcapáginas) o una ilustración. El eslogan se puede dejar en comentarios, pero dado que ahí no se pueden colgar imágenes, estas se enviarán a nuestro correo, frikitecaris arroba gmail punto com, con el texto “Certifico que tengo el derecho a distribuir esta imagen”. Si el nombre del remitente no coincide con su nick, háganos saber cómo quiere ser/suele ser identificado en Frikitecaris. Al mismo tiempo, se deberá dejar un comentario en el blog al estilo “proyecto enviado” o lo que ustedes quieran, no vaya a ser que gmail actúe y se nos filtre algo como spam.


- Máximo total permitido de eslóganes o ilustraciones por persona: 3


- Al participar en el concurso se acepta que los marcapáginas se publiquen en este blog y que puedan ser reproducidos para su “infiltración” y distribución en bibliotecas y otros puntos de interés bajo licencia CreativeCommons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España.

- Idiomas permitidos: castellano, catalán, euskera, gallego, asturiano, francés e inglés. Si se envía en euskera, se ruega que acompañen el texto con su traducción al castellano, ya que no hay frikitecaris vascos en nuestras filas de perpetradores.


- Plazo de recepción: 6 de febrero.


- La semana siguiente se hará un post recopilatorio con todos los proyectos presentados para que los lectores puedan puntuarlos y se decida el ganador. El envío de una foto al concurso implica la autorización para ser publicada en este post recopilatorio. En ese post se indicarán las bases para la votación.


- El premio al marcapáginas más votado consistirá en una camiseta de Frikitecaris... y el privilegio de lucirla.



- Frikitecaris solo maquetará los diez marcapáginas más votados. El marcapáginas tendrá unas dimensiones de 4cm x 20cm, y podrá incluir tanto imágenes como texto. Teniendo en cuenta que la idea es poder imprimirlos y/o fotocopiarlos sobre papel o cartulina amarilla deberán ser en blanco y negro. Frikitecaris pondrá a disposición del público dichos marcapáginas para que la revolución empiece. Ya saben, les tocará descargárselos, imprimirlos y distribuirlos entre sus libros.




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30 de gener 2012 a les 8:02 a.m. Perpretat per Grine 4 Comments

Ahora que tan de moda está la estupenda serie que revive al personaje de Arthur Conan Doyle (¿que todavía no la han visto?, ¿y qué hacen que no están pegados al televisor disfrutando de esa maravilla?), no podemos resistirnos al encanto intelectual de Benedict Cumberbatch leyéndonos un cuento para fomentar el vicio de la lectura.






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27 de gener 2012 a les 8:21 a.m. Perpretat per Juanma 5 Comments


Tal que así se quedó la malvada Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura cuando se quedó atrapada dentro del Fichero de Autoridades con el que estaba trabajando Dorita, una simpática auxiliar de bibliotecas subcontratada que, acompañada por su becario Totó, se vio embarcada en una aventura sin igual por el maravilloso mundo de BBDD.
Pero no. Voy demasiado deprisa. Las historias hay que comenzarlas por el principio.
Dorita había entrado a trabajar en el departamento de Adquisiciones de un inmenso centro catalogador, una tarea que le aburría sobremanera. Se pasaba sus duras jornadas de trabajo soñando con una base de datos como Dewey manda, que estuviera conectada a un servidor seguro que le permitiera trabajar y, más aún, cobrar un plus de productividad; pero nunca lo conseguía, ya que las caídas del servidor eran constantes y,  por lo tanto, su productividad se resentía, ya que tenía que catalogar hasta tres veces seguidas el mismo registro, y se veía obligada a viajar varias veces al día al Fichero de Autoridades, para salir de dudas: no se fiaba de la base de datos. 
Sumida en sus sueños de encontrar una base de datos funcional más allá del ciberespacio, Dorita no reparó en aquel fallo del sistema, que ocasionó un tremendo cortocircuito. Como era la hora del café, ella era la subcontratada y todos los funcionarios habían bajado a la cafetería de su centro catalogador, el incidente la pilló por sorpresa, sin ningún informático a mano, y completamente sola, excepto por un simpático becario de Adquisiciones que le tiraba los tejos y se llamaba Totó... ¡en el Fichero de Autoridades! Se hizo la oscuridad, Dorita perdió la conciencia (tal vez por la fuerte descarga) y, cuando despertó, vio una imagen impactante: el Fichero de Autoridades se había empotrado encima de la terrible Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura, que era prácticamente la dueña de aquel centro catalogador. A su lado, contemplaba la escena, anonadada, una cohorte de pequeños cenutriousuarios alumnos de un colegio, que estaban de excursión en aquel centro catalogador porque hacía demasiado frío como para llevar a cabo la excursión que realmente les apetecía hacer, un día en la sierra; además, aquí daban café gratis.
--¿Sabes? --comentó Dorita en cuanto hubo recuperado la compostura--. Me parece que esto no es Adquisiciones.
En esto se les apareció la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros, quien se ofreció a ayudar a Dorita y Totó, no sin antes hacerle a esta un regalo.
--¡O ssssseaaaaa! --había gritado Dorita cuando vio los zapatitos rojos de la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura--. ¡Cóoooomo mooooolaaaaan! ¡Yoquieroyoquieroyoquierooooo!
--Dorita --le había dicho la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros--, estos zapatos son mágicos, porque te permiten caminar sin que se oigan los incómodos rechinares que hace el calzado en el parqué de este centro catalogador. Por eso los apreciaba tanto la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura: nos pillaba desprevenidas a todas, y para cuando queríamos dedicarnos a nuestras cosas, ya la teníamos liada, porque ni siquiera nuestro mejor arqueo de cejas podía librarnos de su avalancha de desideratas y demandas estúpidas. Póntelos, y podrás huir de la terrible Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, que los quiere a toda costa.
--Pero... --le cortó Dorita-- lo que queremos es otra cosa. Teníamos un problema con la base de datos y el servidor, y, la verdad, los cenus me dan un poco lo mismo, porque trabajo en un cubículo cerrado e infecto, y no tengo que enfrentarme con ellos a diario. Digamos que mi problema es más de índole informática, y por culpa de él estoy aquí, fuera del departamento de Adquisiciones, que es donde quiero estar.
--Pues, en ese caso --dijo la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros, después de reflexionar--, lo que tenéis que hacer es acudir al Mago de las BBDD, y él solucionará vuestro problema con la conexión y con el servidor. Pero tenéis que andaros con cuidado, porque es un mago terrible y justiciero.
--Y... --preguntó Dorita, aterrorizada--, ¿cómo llegaremos hasta el Mago de las BBDD?
--Muy fácil --replicó la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros--: sigue el Camino de Tejuelos Amarillos. Eso sí: debes tener mucho cuidado con la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, que hará todo lo posible para que tu misión sea un fracaso. Ten mucho cuidado con sus desideratas: suele acribillar con ellas a todos los bibliotecarios, y tú, que eres joven e inexperta, podrías sucumbir a sus malas artes.
--Muchas gracias, Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros. Totó y yo haremos caso de tus consejos.
Y, dicho esto, siguieron el Camino de Tejuelos Amarillos en busca del Mago de las BBDD.
Por no hacerlo muy largo, digamos que, en efecto, la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música los acribilló a desideratas, lo que los obligó a hacerse varios viajes al Depósito General y, peor aún, tramitar varios préstamos interbibliotecarios. También les lanzó un ataque de Subcontratados Voladores, que trabajaban para otra subcontrata, y que casi arruina su misión, pero Dorita descubrió que los zapatitos rojos, aparte de ser silenciosos, permitían dar unas patadas voladoras impresionantes: ni punto de comparación con las que daba ella antes. Todo esto no hizo sino acrecentar la relación entre Dorita y aquellos zapatitos, a los que cogió mucho cariño, y con los que forjó un vínculo que a ella le habría gustado que fuera eterno. 
El caso es que perdieron mucho tiempo.
Pero también ganaron tres amigos, con los que su aventura fue mucho más llevadera y enriquecedora.
El primero era un Cenutriousuario sin cerebro, a quien conocieron en la cafetería, y que también quería conocer al Mago de las BBDD para que le enseñara a utilizar los booleanos, ya que el pobre Cenutriousuario sin cerebro no tenía luces ni para hacer una búsqueda sencilla en internet, y era de los que escribían en mayúsculas y con preguntas directas, en plan: "KIERO DE SAVER KIÉN ESCRIVIÓ EL KIJOTE D LA MNXA".
Después conocieron a una Apuntófaga sin corazón, que, al igual que la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, acribillaba a los bibliotecarios a desideratas, y no los dejaba trabajar. Como era una Apuntófaga un  poco repelente, quería rogar al Mago de las BBDD una herramienta de búsqueda efectiva, que le permitiera rellenar sus solicitudes sin enredarse en la burocracia exasperante del centro catalogador.
Por último se les unió un Director de Departamento sin valor para negociar personal adicional y otras mejoras que salvaran a su departamento de los recortes que amenazaban el centro catalogador. Necesitaba que el Mago de las BBDD le ayudase a rellenar una hoja de cálculo eficaz, con la que convencer a Gerencia.
Así pues, y después de recibir en la BlackBerry un extraño mensaje de la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música ("Ríndete @DoritaSubcontratada @TotóBecario #copónyacuántotardanloslibrosquepedí #unfollow"), consiguen que la dirección del centro le retire a esta el pase de investigadora, por cansina; la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música enloquece y se derrite a la vista de nuestros sorprendidos amigos. Un problema menos.
Tras unas cuantas aventuras más, nuestros amigos llegaron al cubículo del Mago de las BBDD, quien los recibió a gritos desde un ordenador encendido, en el que se lo veía a través de una pantallita de videoconferencia. Todos se asustaron menos Totó, el becario, quien se puso a trastear en el código fuente de la videoconferencia y descubrió que la IP desde la que se efectuaba esta le resultaba familiar. ¡Toma, como para no resultárselo! ¡Era el mismo ordenador desde el que trabajaba él, ergo el terrible Mago de las BBDD solo podía ser el Becario de Informática!
Una vez desenmascarado, el Becario de Informática se disculpó y procedió a explicarse. Si no fuera por toda aquella parafernalia, nadie le haría ni puñetero caso, y se arriesgaba, además, a que le rescindiesen el contrato. Sin embargo, embutido en esa figura autoritaria que infundía terror reverencial, tenía asegurada su supervivencia en el complicado engranaje de aquel centro catalogador.
Pero el Becario de Informática era un usuario majomajo, y procedió a solucionar los problemas de los simpáticos amiguitos de Dorita y Totó.
Al Cenutriousuario sin cerebro lo enseñó a utilizar un par de buscadores y, más importante aún, a utilizar los booleanos y escribir en minúsculas, con lo que no tardó en encontrar todo lo que buscaba.
A la Apuntófaga sin corazón le proporcionó la dirección de correo electrónico de Reproducción y Conservación de Fondos, así como el enlace correcto a la base de datos del centro catalogador; de este modo, ella podría efectuar sus búsquedas desde casa, economizar sus idas y venidas al centro catalogador y, más importante aún, descubrir que todas esas búsquedas tienen un valor, monetario, sí, pero también en forma de precioso tiempo, que los bibliotecarios pueden dedicar a satisfacer a otros usuarios. Por la Apuntófaga, bien, porque, al estudiar en casa y acudir al centro catalogador nada más que para recoger las fotocopias que había solicitado y tener acceso a los documentos realmente relevantes, pudo sacarse su tesis con muy buena nota, y en mucho menos tiempo del que creyera posible unos meses antes.
El Director de Departamento,  por otro lado, descubrió un programa de gestión de nóminas, y otro de contabilidad, que le facilitaron enormemente la tarea de optimizar los recursos de que disponía, ya que, desengañémonos, los recortes no dependían de su evidente ineptitud al frente del cargo, sino que se debían a algo mucho más simple: no hay dinero para cultura, pero no lo hay ni para su departamento ni para el de enfrente. Por todo ello, el Mago de las BBDD solo pudo acertar a proporcionarle herramientas para aprovechar mucho mejor los recursos disponibles.
Y, por último, a Dorita le dijo que no podía hacer nada por sus problemas informáticos, ya que, con la mierda de presupuesto del centro catalogador, la red va a pedales aquí y en la Cochinchina, y que si aquello no le gustaba, lo mejor que podría hacer era mover el currículum vítae y largarse con otra subcontrata que pagase algo mejor; de lo contrario, ajo y agua, el Fichero de Autoridades es lo que hay, y si no le mola, pues no le quedaba otra que aprender a utilizarlo, como, por otro lado, debería haber hecho desde el día en que se incorporó al trabajo. 
Llegados a ese punto, Totó, el becario, que había intimado con ella y tenía vocación de pagafantas, se ofreció a hacer algo noble por ella: hacerle él todas las búsquedas que ella necesitase, instalarle otra base de datos más eficiente, e ir al Fichero de Autoridades cuando a ella no le viniese especialmente bien. En suma, hacer más llevadero su trabajo. Total, le pagaban una mierda por trabajar a jornada completa, así que le daba más o menos lo mismo hacer dos trabajos a jornada completa con una paga de becario, si con ello se aseguraba que iba a estar todo el día cerca de la chica que le gustaba.
El Mago de las BBDD suspiró, arqueó la ceja y se contuvo de decirle nada a Totó. Solo acertó a decirles que los zapatitos rojos, aparte de ser silenciosos y facilitar unas patadas voladoras de órdago, tenían una característica más: permitían salir de aquel país de ensueño, y llegar al auténtico centro catalogador en que trabajaban Dorita y Totó.
De este modo, y después de haberse despedido del Cenutriousuario, la Apuntófaga y el Director de Departamento, Totó y Dorita partieron de vuelta a su centro catalogador. Los recibieron a gritos, como siempre. 
Un cenu que se parecía mucho al Cenutriousuario sin cerebro la perseguía para que le buscase datos sobre El coño de la Bernarda, de un tal García Loca, o algo así.
Una apuntófaga absolutamente hostiable no dejaba de darle la vara para que le avisase si llegaba algún libro relacionado con su área de investigación.
Y el director del departamento de al lado seguía dándole largas cuando ella le preguntaba si había recibido el currículum que le había enviado varios meses atrás.
La cosa fue a más cuando tuvo que reiniciar tres veces seguidas su ordenador, ya que un fallo de sistema la echaba de la sesión y, para colmo, le colaba un troyano que no sabía de dónde podía salir, porque llevaban casi todo el día sin conexión de internet.
No obstante, Dorita estaba contenta, porque Totó se ofreció a arreglarle y limpiarle el ordenador cada una de esas tres veces, de modo que ella aprovechó para echar el día en la cafetería, pelando la pava con un facultativo que trabajaba en el Depósito General y que estaba de toma pan y moja.
--Aaaaaaay --suspiró Dorita, mientras se aprovechaba de sus nuevos y silenciosos zapatitos rojos para acercarse a traición a su bibliotecarius macizorrus y comprobar, a hurtadillas, que él la estaba buscando en Facebook--, realmente no hay ningún lugar como Adquisiciones.

(Marcapáginas encontrado en esta página. Gracias a Super Furry Librarian, por sugerir el título de esta entrada.)


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25 de gener 2012 a les 8:16 a.m. Perpretat per Grine 3 Comments

La "Children Book Week" se lleva celebrando en Estados Unidos desde 1919. Desde entonces, cada año  un célebre ilustrador infantil realiza el cartel que publicitará la semana en la que se fomenta la idea de que los libros infantiles son capaces de cambiar las vidas de los niños. Que nos lo digan a nosotros, que vemos cómo cambian las vidas de los niños con cuentos como "El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza" o "Tino el cochino", estupendo fomentemos la escatología...

Algunos posters son auténticas maravillas, entre sus creadores se encuentran Maurice Sendak, Tomi Ungerer o Alice y Martin Provensen (creador del tigre de los famosos cereales). ¿A que quedarían estupendos en la sala infantil de sus bibliotecas?












Visto en wherethelovelythingsare.

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23 de gener 2012 a les 10:31 a.m. Perpretat per Blackonion 15 Comments

Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel.

Este dato tan aparentemente banal es la base que utilizó Ray Bradbury para su obra Fahrenheit 451, una distopía en la que leer es un crimen, los bomberos se dedican a quemar bibliotecas y los bibliotecarios y lectores prefieren inmolarse con sus libros antes que abandonarlos. Una historia de ciencia ficción sobre cómo a los gobiernos y a la sociedad en general les ha interesado denigrar los libros y la cultura, potenciando temas más “neutros” desde el punto de vista cultural, como la tele o el deporte. Era 1953. Menudo ojo tenia Bradbury.

A título personal, nunca he considerado esta obra como perteneciente únicamente al género de la ciencia ficción. Siempre me ha parecido más próxima al terror, desde que la leí en 1987 cuando la publicó Orbis y yo era un adolescente devoralibros que pasaba sus ratos libres cribando el fondo de novela de la biblioteca Ignasi Iglesias en busca de novelas de ciencia ficción y fantasía. El fondo no era abundante, pero sí representativo, y se podían encontrar muy buenas obras y en cantidad.

Supongo que tanta inmersión bibliotecaria dio sus frutos. Terminé montándome mi propia biblioteca en casa... estudiando documentación... trabajando en una biblioteca... montando en ella la sección que siempre quise encontrar cuando era niño... El círculo se cierra en una explosión de realización personal y deseo de inspirar a los demás de la misma forma que te inspiraron.

Entonces me ofrecieron hacer una guía de lectura, aprovechando que relizábamos una actividad: “Ciencia y ficción, cuál inspira a cuál?”. Reuní mis neuronas, trayéndolas de lugares tan ignotos como el último libro de Joe Abercrombie, los foros de internet o los juegos de mi iPad y las uní a todas, en un Word oscuro, atándolas en las tinieblas. Hice un listado de libros más largo que un día sin pan y luego cotejé ese listado con el catálogo para poner enlaces en la guía. Ahí fue cuando me empecé a deprimir. Un ejemplar. Dos. Cuatro. Ninguno. Tres. Cuatro, pero fuera de Barcelona. Cincuenta, porque hubo una reedición cuando sacaron la película. Ninguno. Cuatro. Ninguno. Ninguno. Ninguno. Ninguno...

Una red de trescientas bibliotecas, que se dice rápido, y no hay ni un puto ejemplar de clásicos como ¡Hagan sitio!, ¡Hagan sitio!, de Harry Harrison, ni de Y mañana serán clones, de John Varley, tan vigentes hoy como el día en que los publicaron. Robert A. Heinlein practicamente no existe. Joe Haldeman, menos. Incluso Isaac Asimov es una sombra de lo que fue. Cómo llegué a odiar a Asimov, con su narrativa lenta y caduca, manías personales, no me miréis así, y ahora lo echo de menos incluso a él... Pero esto no afecta únicamente a la ciencia ficción. El Padrino, de Mario Puzo, también desapareció durante muchísimos años, sin reedición alguna, mientras la pelicula se vendía como los churros, y hace apenas un par de años que podemos redescubrir las aventuras Micky Mouse y el pato Donald y dárselos de leer a nuestros hijos. Y hablamos de la omnipresente Disney, que lleva desde siempre con nosotros. Explotando, eso sí, nuevos clásicos instantáneos franquiciados hasta el infinito.

Lo viejo ya no vale.

No hay reediciones. Las editoriales, en busca de dinero rápido, the fast buck vs the long dollar, que dicen los americanos, han abandonado la vieja estrategia de tener un fondo extenso y duradero para sustituirlo por un fondo efímero cuyo objetivo es saturar el mercado y conseguir un zambombazo editorial, el superventas definitivo que los haga de oro. Y si para eso tienen que publicar mierda a carretadas y destruir lo publicado a las semanas de descubrir que no, no vende, pues lo hacen. Y lo hacen olvidando que el mercado editorial es un mundo lento, de movimientos tectónicos, en los que un lector habla con otro lector, y este a su vez con otro, y, si el libro es bueno, se termina comprando, aunque tarde años. Internet ha acelerado bastante este movimiento, creando superventas instantáneos, pero la oferta del mercado es suficiente como para que este fenómeno sea puntual. Los superventas espontáneos no existen, son los padres.

Pero entre que las editoriales buscan su grial, el libro antiguo se muere. Sin reediciones, desaparece. No lo parecía, porque todavía podíamos verlo en las estanterías. En el Corte Inglés, en el Fnac, en bibliotecas. Pero ese libro se vende, se pierde, se rompe. Desaparece.


Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel se prende y arde, pero en el silencio de las estanterias nadie puede oir los gritos de los descatalogados al desaparecer.

Mi memoria no es tan buena como la de los hombres-libro de Fahrenheit 451, que memorizan obras perdidas y las transmiten de padres a hijos, hasta que les llegue el momento de volver a ser valoradas. No podría preservar en mi memoria ni el índice de un libro. Pero tengo DVD y USB como para parar un carro, y un disco duro portátil. Dirán que estoy robando y vendrán a por mí, pero es mentira. Quieren quemarlo todo, quieren que olvidemos, quieren que perdamos el pasado y olvidemos el futuro que nos atrevimos a soñar. Crean sus propias reglas, en su beneficio, y te obligan a romperlas para poder perseguirte. Para eliminar lo que proteges y a los que son como tú.

Soy un hombre-biblioteca de un pasado que está desapareciendo mientras no miramos.

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20 de gener 2012 a les 8:31 a.m. Perpretat per Juanma 7 Comments

¿Qué hace de las teleseries británicas las mejores del mundo? Tres cosas: rigor, concisión y calidad. Frente a los culebrones de doscientos episodios por temporada, las mejores series británicas constan de muy poquitos capítulos por temporada (entre los tres de Sherlock y la media docena mal contada de Luther, Being Human o Misfits), un formato más parecido al del cine de toda la vida que al de la televisión clásica, y unos guiones rematadamente buenos. Ni un solo diálogo prescindible. Referencias al contexto histórico y social actual, metidas de manera tan sutil que muchas veces no nos damos ni cuenta, pero que permitirán al historiador o al espectador del futuro remoto fecharlas con un margen de error mínimo. Son series atemporales, como deben ser todas las obras maestras, pero hijas indudables de su tiempo, como debe ser toda obra de arte.
La última revelación en el campo de las teleseries es la escandalosísimamente buena Black Mirror, una reflexión, en forma de tres episodios autoconclusivos, acerca de los medios de comunicación, la tecnología y las redes sociales. El primer episodio, The National Anthem (vaya, como la canción de Radiohead), pone en la picota el papel de los medios de comunicación en las relaciones entre la política y la ciudadanía. Sin ánimo de destripar el argumento, este capítulo responde a la siguiente pregunta: ¿hasta dónde llegarías para acallar o satisfacer a tus votantes?
¿Demasiado genérico? Venga, vale, les vamos a contar los cinco primeros minutos del episodio.

A Michael Callow, primer ministro del Reino Unido, lo despierta su gabinete de crisis en plena noche para comunicarle una situación extraordinaria: alguien ha secuestrado a la princesa Susannah, una especie de lady Di y Kate Middleton, y colgado sus reivindicaciones en YouTube. Estas son insólitas: la única condición que se pone para liberar a la princesa es que el primer ministro comparezca ante las cámaras esa misma tarde... manteniendo relaciones sexuales explícitas con un cerdo. Las especificaciones técnicas que impone el secuestrador no dejan ningún margen a la manipulación: hay que rodar la escena cámara en mano y con luz natural, como si de Los idiotas o cualquier otra película de Lars von Trier o del movimiento Dogma 95 (¡homenaje!) se tratara.

A partir de aquí, como es lógico, comienza el debate. ¿Hay que rendirse al chantaje o llevar el juego hasta el final? ¿Es permisible tratar de hacer trampas? ¿Qué efectos puede tener la decisión final, sea cual sea, en la carrera política del primer ministro, la popularidad de las instituciones y los índices de audiencia? ¿Debe ceder la prensa a las presiones de la Casa Real y del gobierno, o limitarse a informar? ¿En qué lugar quedan las redes sociales, el de potenciadoras de la tragedia o el de rotura democrática de los filtros que se trata de imponer a la libertad de prensa?
El primer ministro, como es evidente, es el protagonista de este episodio, ya que se juega mucho, tome la decisión que tome: su carrera política, su matrimonio, la vida del personaje público más querido por la opinión pública británica y, llegado el caso (y su jefa de gabinete hace algo más que insinuárselo), su propia vida. Una vez que ha quedado claro que quien decide es él ("¿Y qué dice el manual que tenemos que hacer?", pregunta, a lo que le responden: "Esto es territorio virgen. No hay manual"), llegamos a la siguiente fase: ¿quién o quiénes son los chantajistas?
Por supuesto, los sospechosos habituales no tardan en aparecer: Al Qaeda o el IRA. Es decir, los grupos terroristas más interesados en desestabilizar el Reino Unido. Pero también, y a este punto queríamos llegar, se deja caer qué otros grupos o individuos podrían estar detrás del secuestro. Miren este vídeo y deténganse a los 23 segundos. Les transcribimos el desesperado soliloquio del primer ministro y, por supuesto, la cursiva y negrita son nuestras:
--¿Qué es lo que quieren? ¿Dinero? ¿Que liberemos al yihadista? ¿Condonar la deuda del Tercer Mundo? ¿Salvar las putas bibliotecas?
¡Bingo! Ladran, luego cabalgamos. Se produce el incidente más grave de la historia reciente del Reino Unido, y el primer ministro (suponemos que conservador, de los que están cargándose el sistema de bibliotecas públicas británico) culpa, en este orden, a unos chantajistas que solo quieren dinero, al terrorismo fundamentalista, al movimiento indignado y a los bibliotecarios.
¡Un poquito de por favor! Un bibliotecario jamás secuestraría a una princesa del pueblo glamurosa; por el contrario, secuestraría al propio primer ministro y lo obligaría a leerse (y, juas, juas, leer en público, ante una audiencia literalmente pegada a sus sillas, contenida la respiración) Un mundo feliz, 1984 o La naranja mecánica, no solo por culturizarse un poquito (existe la duda razonable de que un político de pura raza haya oído incluso hablar de George Orwell, aunque su día a día profesional consista en ponerlo en práctica) sino para que sus conciudadanos puedan entender un poquito mejor cómo y por qué los están manipulando. La letra con sangre entra, instruir deleitando y mano dura con guante de seda. Modales frikitecarios, en resumen. Pero ¿secuestrar a una princesita, dejarla hecha unos zorros y permitir que se le corra el rímel? ¡Anda ya! ¿Por quiénes nos toman?
De todos modos, no podemos sino agradecer a Michael Callow el piropo involuntario que dedica a nuestro colectivo profesional. Es consciente de que los bibliotecarios británicos tienen motivos para sentirse indignados. Y también es consciente de que, si se ponen, los bibliotecarios pueden llegar hasta donde haga falta con tal de hacer valer sus reivindicaciones.
Dicho sea sin ánimo de reventarles el argumento de este estupendo capítulo: no, al final el secuestro no es cosa de los putos bibliotecarios (primer ministro dixit), pero oigan, puestos a darnos ideas creativas para que nuestras protestas no caigan en saco roto...



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18 de gener 2012 a les 8:34 a.m. Perpretat per Rosa 6 Comments

En los últimos días ha tenido lugar una revolución bibliotecaria. En este caso no se trata de la DMF, que sigue si camino sin pausas pero silenciosamente, ni tampoco de los recortes, que también tienen tela.
La causa de que bibliotecari@s y usuari@s se hayan puesto en pie de guerra y hayan inundado las redes sociales de quejas al grito de "las bibliotecas molan" ha sido una desafortunada campaña publicitaria de cierto referesco de cola. Vamos, de Pepsi, por qué no lo vamos a decir.
Empezó tras una publicación en el Facebook de Pepsi España en la que se afirmaba que "las bibliotecas no molan" a la vez que animaba a ver el anuncio en su web. Rápidamente la reacción se extendió a través de Twitter y de blogs como Nosoloarchivos y Biblogtecarios.
Finalmente, ante las críticas, Pepsi ha pedido disculpas (o algo así) también en su Facebook, pero de momento el anuncio se mantiene.
Desde frikitecaris declaramos que las bibliotecas molan y l@s bibliotecari@s también, que la señora que aparece en el vídeo no es bibliotecaria y que cualquier parecido con la realidad es inexistente. Nosotr@s usamos métodos mucho más... persuasivos.





o_Ô

Por si lo dudaban: Frikitecaris siempre ha sido más de Casera Cola.

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16 de gener 2012 a les 8:33 a.m. Perpretat per Juanma 3 Comments

¿Qué mejor manera de reconocer el papel de la bibliotecaria que diseñarle un trono a medida?


Mírenlo: ¡pero si es perfecto! Por un lado es original, como debe ser toda bibliotecaria; por otro lado, es puro diseño, lo que realza nuestro lado más guay; no menos importante, es útil, ya que permite acceder a esas estanterías altas en las que no siempre podemos hacer bien nuestro trabajo; además, es funcional y va a juego con el calzado y la sombra de ojos, y, por último, contienen la carga de sensualidad necesaria como para que hasta el usuario más obtuso entienda el mensaje: "¡Esta es la única mano que me va a poner un dedo encima en MI biblioteca, pedazo de cenu! ¡Deja de pelar la pava y sigue a lo tuyo!". ¡Es el trono perfecto para realzar la belleza de la reina de la biblioteca!
(Visto en la página de Facebook de Vintage Treasure, gracias a Encarnita Alcázar.)


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13 de gener 2012 a les 8:37 a.m. Perpretat per Super Furry Librarian 4 Comments

Haciendo una visita "retrospecter" al Blog de la Biblioteca Regional de Murcia (del cual soy fan) he dado con el genial video musical 70 million del grupo francés Hold your horses!. Creado por David Freymond, el grupo y el realizador se han currado una pinacoteca muy viva, digna de manual de Historia del Arte.


Después de darle al play unas cuantas veces me ha hecho pensar en las inmensas posibilidades de la Realidad Aumentada (RA) en bibliotecas y museos (e incluso jugueterías) ahora tan en candelero: ¿Os imagináis que pudiésemos poner nuestro smartphone delante por ejemplo del Tañedor de laúd de Caravaggio y que éste se nos marcara un madrigal de la época?

Lanzada ya la idea desde este humilde Blog, y al hilo de estas recreaciones pictóricas en clave indie, quisiera añadir aquí las estupendas fotografías de Blanca Galindo para el disco Tierra, trágalos del grupo murciano Klaus and Kinski, que es también canela fina.

Judith y Holofermes
Judith y Holofermes versión Klaus & Kinski. Fotografía de Blanca Galindo

No quiero terminar este post sin pediros que, si sabéis de otras genialidades como las anteriores, no tardéis en comentarlas aquí con los enlaces pertinentes, pero no os pongáis muy barrocos.

Super Furry Librarian

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11 de gener 2012 a les 8:30 a.m. Perpretat per Juanma 5 Comments

Si sus cenus no terminan de pillar las normas básicas de comportamiento en la sala de lectura (no hacer globitos con el chicle, por ejemplo), pónganles este hermoso vídeo inspiracional y sumamente instructivo:

Lo cierto es que lo tiene todo: elementos de película de terror (para el cenu, se entiende), bibliotecarias majasmajas, una moraleja con la que estamos plenamente de acuerdo y, huelga decirlo, un final feliz (porque el cenu se larga y nos deja en paz).
Si no lo entienden ni por esas, pues miren, por lo menos los habrán tenido entretenidos y sin dar por saco durante cerca de diez minutos. Que no es poco.

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