Cómo hemos cambiado

Naturalmente (y mejor no discutáis conmigo), cuando uno piensa en una bibliotecaria, tiene esto en su mente:



(Visto aquí)


El pelo perfectamente desaliñado, en un estudiado caos que suele ocuparnos una hora. Irradia serenidad, amabilidad y belleza (aunque esté urdiendo maldades). La cosa, amigos, es que no siempre fuimos así. Ni de lejos. Incluso hubo veces en que fuimos así:





(Aquí; gracias, Violeta)


Así que si os ponéis nostálgicos y empezáis a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, os sugieron que estudiéis detenidamente estos uniformes. Personalmente, me quedo donde estoy. Si al menos los sombreritos fueran a lo Frank Sinatra...






3 comentarios:

  1. Jo diria que les nostres guanyen en glamour per golejada ;)

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  2. Quiero pensar que debajo de esa ropa escondían lencería supersexy. Es que si no no las acabo de ver como bibliotecarias. Como que les falta... TODO.

    En la foto que pone Ferran la cosa es más suave, no me comparéis.

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