CSI bibliotecas

¿Qué les gustó más, el libro o la peli? No se preocupen, no es ningún test de detección de cenutriousuarios: nuestras bibliotecas están bien surtidas, y disponemos de ejemplares de ambos. Y de la banda sonora, ya que estamos. Pero la cuestión no es esa, sino otra: ¿qué imagen tienen de los personajes de sus libros favoritos, la que se crean en sus cabezas a medida que leen, o la de los protagonistas de las adaptaciones cinematográficas o televisivas? Por supuesto, la pregunta solo tiene sentido si hay peli o serie; si no, el asunto estriba en saber cuánto se aproxima la imagen mental que tienen de los personajes a la imagen que querían transmitir sus creadores.
Porque vamos a ver, es innegable que, en muchas ocasiones, ponemos la cara equivocada a los personajes. Nos gusta travestirlos con los rostros de conocidos, amados o actores. Pero, y esto es relevante, esas imágenes mentales que nos hacemos no tienen nada que ver con las descripciones que hacían los autores. Cierto, no siempre veremos descripciones explícitas. Si el autor sabe hacer su trabajo (sugerir, sugerir y sugerir, pues lo que leemos no son más que palabras --eso de "no son más" es un decir, por si no se habían fijado--, y lo que imaginamos no tiene límite), a veces bastan unos detalles ambientales o casuales --la manera de encender un cigarrillo, una leve cojera, o una muletilla-- para construir un personaje sin haber efectuado ni una sola descripción física explícita.
Pero a veces disponemos de esas descripciones. Y hay gente dispuesta a utilizarlas para llevar a cabo un pequeño juego que, por un lado, le quita toda la gracia al proceso mental que nos lleva a re-crear a los personajes (y en esto se basa la ficción: en que nos den un material procedente de la imaginación de una persona, el escritor, y nosotros lo reinventemos acomodándolo a nuestra propia imaginación, de modo que gane en matices) pero, por otro, nos ha parecido interesante y divertido por lo que tiene de lúdico. 
El artista y escritor Brian Joseph Davis se ha valido de un programa de reconocimiento forense, el mismo con el que se elaboran los retratos robots en sus series favoritas de detectives y policías --llámenlas The Closer, CSI: Miami o The Wire...; bueno, en esta última andaban siempre escasitos de medios y tenían que buscarse la vida de maneras más realistas--, para poner cara a nuestros personajes literarios favoritos. Lo hace valiéndose de las técnicas forenses, y en vez de contar con las declaraciones de los testigos presenciales se vale de las descripciones que hacen los propios autores en sus obras. La página web en cuestión se llama The Composites y la pueden ver aquí
Comencemos con uno fácil. ¿Quién creen ustedes que puede ser este sujeto tan poco recomendable? Unas cuantas pistas: vive en Nueva Orleans, le chifla la filosofía medieval, vende salchichas en la calle, está como un puñetero cencerro y tiene una mamitis exageradísima.
Lo ven, ¿no? Cierto es, todos teníamos la imagen mental que nos proporcionaba la mítica ilustración de cubierta de La conjura de los necios, pero sí, podríamos decir que este es el auténtico Ignatius J. Reilly. 
Pero claro, esto no deja de ser un juego. No hay que tomárselo en serio. En primer lugar, porque el acto creativo se basa no tanto en las instrucciones concretas del emisor como en la percepción subjetivísima del receptor, y, por mucho que nos digan que John Kennedy Toole describió a Ignatius exactamente tal como aparece en este retrato robot obtenido con arreglo al último grito en tecnología forense, nuestro Ignatius J. Reilly solo será así si no habíamos leído La conjura de los necios y comenzamos a leerlo con esta imagen mental. En caso contrario, nos lo imaginaremos de cualquier otra manera. Y, por supuesto, será correcto, aunque le pongamos la cara de George Clooney y el cuerpo de Andrés Velencoso (aunque no se nos ocurre cómo se puede llegar a establecer esa asociación de imágenes, pero en fin, cada uno es como es).
Porque vamos a ver, por mucho que Dashiell Hammett describa al detective Sam Spade como un señor que tiene este aspecto:

nosotros nos lo vamos a imaginar así:

¿O no?
Y, por mucho que Chuck Palahniuk se esfuerce en ofrecer esta imagen de la Marla Singer de El club de la lucha:
todos nosotros sabemos que Marla solo puede tener este aspecto:
Y así ad infinítum.
Vale, esto es solo un juego, pero no nos lo podemos tomar al pie de la letra.
¿No nos creen?
Les sugerimos otro juego para salir de dudas. Acudan a su biblioteca más cercana, saquen en préstamo todos los ejemplares de obras mencionadas en The Composites, lean unas páginas, imagínense a estos personajes y, a continuación, vayan a la página web y cotejen. ¿A que no se parecen en nada? Y es más: ¿a que les gusta más la imagen que se hicieron ustedes de esos personajes que el retrato robot que nos propone el señor Davis? A fin de cuentas, y como decía Ray Loriga (aunque citamos de memoria y, por lo tanto, puede que no lo dijera exactamente así), "lo que uno imagina es más real que lo que a uno le pasa. A fin de cuentas, lo que a uno le pasa no deja de ser un accidente".



(Información obtenida a partir de este artículo de El Periódico de Catalunya.)

3 comentarios:

  1. Ya ni para imaginarnos los protas de nuestros libros favoritos necesitaremos imaginación.
    Me parece un horror, un serio...

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  2. Es taaaan frío...

    Además, nadie te dice que el autor acertara más que uno al describir al personaje. A lo mejor es el autor el que tiene una imagen mental equivocada...

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  3. A mí me dan grima. Ya suelo tener mis conflictos con los ilustradores porque normalmente hay un abismo entre lo que yo me imagino y lo que ellos hacen (ahora es cuando mi amiga ilustradora deja de dirigirme la palabra para siempre), pero esto ya es herejía pura.

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