Nací hace ya mucho tiempo (bloguísticamente hablando), pero guardo pocos recuerdos de mi papi, Enric. A mami, en cambio, la tengo más presente. Cristina, la llaman, y es una pesada. Que si escribe esto, que si haz lo otro, que si maltrata a este usuario, que si cataloga lo de más allá. Con mis titos, Anna C., Ferran, Jaume, Rosa, Juanma, Geekteca, Grine, don Quijote, Atarplus o Guiseval, por mencionar algunos (¡es que son tantos!) me llevo mucho mejor. Me dejan campar a mi aire, me alimentan con tiramisú y, sobre todo, nunca me regañan. Ellos sí que me quieren. Si pudiera escoger, me iría con ellos y dejaría a la tirana de mi mami. Frikitejefa, la llaman en privado. Rottenmeier le iría mucho mejor, créanme. También es cierto que algunos de mis titos también son un poco vaguetes y dejados. Estoy segura de que si me fuera con alguno de ellos es mu probable que tuviésemos que llamar a la policía para que me encontraran, como le pasó a Chencho en la Plaza Mayor de Madrid durante aquellas navidades en blanco y negro.
Todos ellos, a veces, los muy cachondos, me atribuyen palabras que jamás han salido de mi boca y que nunca se me ocurriría decir. El clásico contra Iwetel, por ejemplo. Sí, mis papis y mis titos se quejan de que los censuran (cosa cierta, tampoco vamos a negarlo), pero soy yo, Frikitecaris, el blog, el que da la cara, porque cuando ellos envían algún mensaje a la lista a título individual, bien que nadie se los filtra. ¡Menuda fama me dan! A mí, que nunca he hecho nada, que jamás he torturado un usuario, y que ni siquiera puedo arquear la ceja como es debido. La verdad es que para ser un frikitecari he salido rana, porque tiro más a abrazanenúfar, pero esto puede deberse a que mi propia familia ha crecido de un tiempo a esta parte, incluyendo a cenus entre sus filas, y claro, ellos me ayudan a sobrellevar la tiranía de tanto bibliotecario suelto unido.
Así que aquí me veis. Como ya soy mayorcito, papi, mami y todos los tíos me han regalado ¡una identidad! ¡Por fin podré decir lo que pienso de verdad, no lo que estos insensibles creen que pienso! Y, quién sabe, a lo mejor me da por empezar a dar la brasa en Facebook y Twitter... Por fin podré hacer comentarios acerca de si #eldeloscuadros es usuario de mi biblioteca, o colgar las fotos del próximo calendario... ¡¡¡Mis propios pensamientos!!! Aunque, pensándolo bien... creo que aún soy menor de edad. En fin, seguiré soñando mientras me dejo querer y cuidar por mi FAMILIA.
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Frikitecaris, en primera persona
En nuestro infatigable esfuerzo por ofreceros una visión global del mundo bibliotecario y de cómo nos ven, hemos encontrado una de esas imágenes prototípicas: la bibliotecaria que nos ocupa tiene cuarenta años, vive en casa de mamá, usa gafas y no se ha comido un colín en su vida; por no comer, no come ni carne, literalmente. Pero también hemos dado con la horma de su sandalia de perroflauta. Nuestra bibliotecaria de marras, llamada Joyce, comienza a trabajar con George, un bibliotecario itinerante, y, entre calentón y calentón, le sube la biblliorrubina y descubre el amor tardío gracias a la única manera a la que, al parecer, una bibliotecaria cuarentona puede acudir para descubrir alguna información útil acerca de la vida: la inadaptación social y su paradigma, los libros; en concreto, los de D. H. Lawrence. La pueden escuchar si pinchan sobre este enlace.
Joyce the librarian
Strict vegetarian
Forty and living with mum.
Wears sandals and glasses
Attends evening classes
And wonders if romance will come.
Though she'd never been kissed
It's not something she'd missed
Until some weeks before;
When George, a rotarian,
Handsome lotharian,
Walked through the library door.
And the torch that Joyce carried
Was burning a hole in her heart
She wanted to show him
But didn't yet know him
She didn't know where to start
So with growing abhorrance
She read D. H. Lawrence
To glean a few ideas . . .
Which she turned down flat
She couldn't do that
Not in a million years!!
Strict vegetarian
Was burning with animal lust
Alarming sensations
Strange palpatations
A mix of delight and disgust
So she busied herself
Rearranging the shelf
To try to control her dreams.
Joyce the librarian
The disciplinarian
Was falling apart at the seams.
She kept out of the way
When George returned his books
But with growing conviction
Perhaps because latterly
(Si quieren escuchar más canciones protagonizadas por bibliotecarios, bibliotecas y cenus, no duden en visitar esta lista de Spotify, o esta entrada de Frikitecaris.)
Perpetuando estereotipos
Hace ya tiempo que decidí que, ante la imposibilidad de tratar algún tema novedoso u original en el blog, debía especializarme, y ¿qué mejor manera que hablar de lo que sucede en Mallorca?
Hoy le toca a Sencelles, un tranquilo municipio de menos de tres mil habitantes de la zona del Pla de Mallorca (En el centro de la Isla), con un precioso pueblecito que les aconsejo visiten si se pasan ustedes por casualidad por Mallorca. En Ruberts, llogaret (creo que 'pedanía' en castellano), quizás me encuentren si pasan por allí algún fin de semana.
Dicho esto, hagánse a la idea de lo que supondría que un usuario belga de cuarenta y siete años dejara una foto suya como dios les trajo al mundo, junto con su maravillosa plantación de marihuana. La Guardia Civil lo ha detenido por un delito contra la salud pública y de provocación sexual.
Imagínese por un momento que es usted el/la bibliotecario/a del pueblo, y unos usuarios menores de edad le avisan de que hay fotos de un vecino en bolas. Lo primero que se le viene a la cabeza es que el ordenador tiene un virus o que alguien para hacer una broma se las ha descargado, cuando en realidad es el vecino de la calle del colmado, ese extranjero tan reservado que compró la casa hace unos años a Miquelet.
Luego dicen que la del bibliotecario no es una profesión de riesgo. Que alguien me diga a qué parte del cuerpo miras cuando te cruzas por el pueblo con el inefable ciudadano belga. El trabajo de cara al público no es fácil, ni siquiera en uno de los municipios más tranquilos de esta isla y probablemente también de España...
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Mallorca profunda
No se engañen por el título, esta entrada no trata de millonarias octogenarias, sino de algo tan humilde y tan sencillo como las chirigotas del carnaval de mi tierra, allí por el sur. Ricas y maduras son unas frutas que han ganado el primer premio dirigidas por el Canijo (recordadísimo hace un par de años por Las muchachas del congelao, 2º premio, y hace más todavía por Los que salimos por gusto, primer premio). No hay nada más que ver los tipos y escuchar su música, pero son sobre todo las letras.
Ricas y maduras, hoy va de carnavales
Aquí una muestra: pasen, vean y disfruten
Orden
Hay muchas maneras de despertar las vocaciones bibliotecarias. Puedes hacerlo con charlas en el instituto, por contacto con los amigos, porque hayas crecido en un entorno lector, porque (evidentemente) tuvieras un amor platónico con tu bibliotecaria escolar... o con métodos indirectos; por ejemplo, la identificación. Si tu héroe de ficción es bibliotecario, pues a lo mejor es porque ser bibliotecario mola; por lo tanto, estudiaremos Biblioteconomía y Documentación. Doy fe de que algunos de mis compis de la Facultad de Historia querían ser arqueólogos porque habían crecido con las pelis de Indiana Jones. Y luego, claro, se encontraban con que la profesión consistía básicamente en cepillar piedras en descampados agrestes dejados de la mano de Dios.
A lo que iba. El mecanismo de identificación puede funcionar en según qué casos, pero, en otros, es contraproducente e incluso desaconsejable.
Más que nada, porque queremos que la tierna criatura que leyó este libro sea una bibliotecaria, no una abrazanenúfares.
Así, no

Para esos días difíciles del mes (y para evitar que tengáis problemas con la justicia o salgáis en la sección de sucesos de los periódicos) os dejamos este enlace.
Sí, sería mejor poder gritar: “¡Usa el catálogo!”. Pero lamentablemente ya no creemos en milagros.
(Google nunca estará a la altura de un bibliotecario. Pero si nos permite hacer el aperitivo sin cenus que molesten, bienvenido. Somos más listos que orgullosos.)
¿Quieres hacer el favor?
Esta entrada está dedicada a todos aquellos que se hacen cruces por lo alarmistas que son esos autores según los cuales Internet atonta a los lectores... pero dejan de leer sus artículos al segundo párrafo.
Por supuesto, estoy siendo irónico.
¿Cómo? ¿Que has pensado "Pues claro" cuando has llegado a la última viñeta, has tenido que buscar 'irónico' en Google y has leído esta entrada en diagonal porque había mucho texto? ¡Pues a nuestra biblioteca no entras, pedazo de cenu!
La prueba refinitiva
Hace aproximadamente un año las bibliotecas de la Xarxa de Biblioteques de Mallorca se quedaron sin revistas ni adquisiciones. Para entonces se anunciaba como el acabose que durante seis meses no habría nuevo material, ni siquiera una simple revista para entretener a esa gran masa de jubilados y prejubilados (por desgracia de la mayoría y beneficio de pocos).
Anticipábamos como una posibilidad el tener que armarnos para defendernos de las masas de usuarios encolerizados a la búsqueda y captura del último best seller. Pues resulta que nuestros nuestros queridos y amados usuarios son civilizados y entienden que no hay dinero para compras, o que la tramitación en el Consell de Mallorca es muy complicado o lo que sea que haya que comprender.
En una reciente entrevista el Director Insular de Cultura, Maties Garcias, no dejaba muy claro lo que va a suceder con las adquisiciones para la Xarxa. Vamos, que la perspectiva de futuro parece que tampoco es halagüeña.
El problema que tenemos, según mi parecer, es que estamos educando a la gente, conviertiéndolos en cultos pero pasivos ciudadanos que antes de quejarse piden permiso para hacerlo.
Tanta corrección no puede ser buena, se quejen ustedes por favor que lo siguiente en desaparecer serán los bibliotecarios y bibliotecarias de esta isla. Ya me imagino encima de un escenario, con un micrófono a las nueve de la mañana, con peluca y falda escocesa pegando gritos ante un selecto grupo de ingleses o alemanes que lo único que pueden tener en común es la cantidad de alcohol en sangre.
PS: Hagan ustedes lo posible por olvidar la imagen mental, por su propio bien...
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Hace ahora un año
Los bibliotecarios estamos hartos de los burdos intentos de robo de nuestros cenus. Que si arrancar el código de barras (sí, claro, es lo que pita), que si remeter el libro en el bolso dentro de papel albal (como mínimo no recicles el del bocata de chorizo, criatura), que si esconderlo en el WC hasta que hayan acabado de consultarlo (no, no voy a sospechar si entras en el WC con el libro marrón de economía. Como mínimo tápalo con El Jueves, ¡por dios!) que si tirarlo por la ventana (mejor no digo a quién tiraría yo por la ventada), que si… Una constante. A pesar de saber que todos sus intentos son inútiles, ello lo intentan erre que erre, agotando nuestra pobre paciencia.
Pues nada. Ya tenemos un método infalible. Les aseguro que así no se van a llevar ningún libro, palabrita. Y encima queda decorativo. ¿Que no lo pueden leer? Se siente. (Eso les pasa por hacer tonterías con NUESTROS libros.)
Sistema antirrobo
Pues sí, existe el Día internacional Abraza a un bibliotecario o como quieran traducir vuecencias ese International hug a librarian day que nos proponían para ayer (y no, esto no es un comentario irónico sobre la habilidad de algunos jefes para pedir cosas para el día anterior...), y al que nos invitaban con esta abrazanenufárica ilustración:

Pues bien... Puedo afirmar que la mayoría de cenus que en el mundo han sido, por no decir todos, han pasado olímpicamente de tal convocatoria, y este que suscribe no recibió ni un abrazo (excepto los matrimonialmente debidos, claro). Tampoco es que que deseara que según que cenu se le acercara a menos de una distancia de seguridad de digamos... un quilómetro, pero un abracito de algún usuario majomajo no habría estado mal.
Habrá que pensar en una buena campaña publicitaria para el próximo año, o ya nos veo abrazándonos unos a otros en plan endogámico. Y ya sabemos que la endogamia es mala —y si no, que se lo pregunten a Carlos II, el Hechizado.
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Día internacional Abraza a un bibliotecario







